Cómo funciona una app para pedir canciones en una boda
El recorrido completo, desde que un invitado escanea el QR en la mesa hasta que suena la canción, y qué decide el DJ en cada paso.
Si os han propuesto poner una app de peticiones en vuestra boda, o la lleva de serie el DJ que habéis contratado, lo normal es que tengáis una idea vaga de qué implica. Este artículo es el recorrido completo, sin marketing: qué ve el invitado, qué ve el DJ y qué pasa entre una cosa y la otra.
Lo que ve un invitado
Está sentado en la mesa, en mitad del banquete, y hay un código QR junto al menú. Lo enfoca con la cámara del móvil y se le abre una página web. Eso es todo el trámite: no hay app que descargar, ni registro, ni contraseña, ni tienda de aplicaciones. Es importante que sea así, porque el día que le pides a una tía de setenta años que se instale algo, la has perdido.
Dentro hay un buscador y una lista. Escribe la canción que quiere, la encuentra por título o por artista y la añade. Si otro ya la ha pedido, en lugar de duplicarla le da al corazón y suma un voto. Y la lista que ve por debajo son las canciones que ha pedido el resto del salón, ordenadas por número de votos.
Esa lista es la parte que engancha. La gente vuelve a mirarla entre plato y plato para ver si la suya sigue arriba, y acaba pidiéndole a la mesa de al lado que la vote. Es una conversación de banquete más, y ocurre mientras están sentados, que es justo cuando el móvil no le quita nada a nadie.
Lo que ve el DJ
Aquí está la diferencia que importa. El DJ no recibe una cola de reproducción que se ejecute sola: recibe una lista ordenada por votos, y decide qué hace con ella.
Cada canción se aprueba o se rechaza. La que aprueba entra en su repertorio para la noche, y él sigue decidiendo en qué momento la pone y con qué la enlaza. La que rechaza desaparece. No hay ningún punto del proceso en el que la máquina pinche por su cuenta, y no existe la situación de «ha salido la más votada y el DJ no tiene más remedio».
Dicho de otra forma: lo que gana el DJ no son órdenes, es información. Llega a la apertura de pista sabiendo qué quiere un salón al que acaba de conocer, en vez de probar tres canciones y corregir sobre la marcha.
Cuándo se usa (y cuándo no)
Este es el punto que más gente entiende al revés, y de él depende que la idea sea buena o desastrosa. Las peticiones se recogen durante el banquete, no en mitad del baile.
La objeción evidente —«no quiero a doscientas personas con el móvil en la mano en mi boda»— es razonable, y por eso el sitio no es la pista. Durante la cena el móvil ya está encima de la mesa. Después, cuando se abre el baile, ocurre algo que casi nadie prevé: los móviles se guardan. La gente ya ha pedido lo suyo y lo único que le queda es esperar a ver si suena. Y cuando suena, esa persona y los cinco que la votaron con ella salen a bailar.
Qué no hace
Conviene decirlo explícitamente, porque circulan bastantes ideas equivocadas.
No elige la música de vuestra boda. Los momentos siguen siendo vuestros: la entrada al banquete, el primer baile, la canción del final. Esos no se votan, se deciden antes y punto.
No sustituye al DJ ni le quita criterio. Un DJ de bodas con oficio lee la pista en tiempo real —cuánta gente queda, qué edad tiene, si toca subir o dejar respirar— y eso no sale de ninguna lista.
No deja entrar cualquier cosa. Si le pasáis al DJ una lista de canciones vetadas —la de la ex, la que incomoda a alguien de la familia, el clásico que no soportáis—, se bloquean y los invitados ni siquiera las ven para pedirlas.
Qué hace falta para que salga bien
Tres cosas, y ninguna es complicada. La primera, que el QR se vea: en las mesas del banquete, a la vista, no debajo del centro de flores. La segunda, cobertura, que en fincas de campo no siempre se da por hecha; si la vuestra va justa, merece la pena preguntar por el wifi de invitados antes del día.
Y la tercera, que alguien lo anuncie. Basta con que el maestro de ceremonias lo diga una vez al empezar el banquete, o con una línea en el menú. Sin eso participan cuatro; con eso participa medio salón.
Lo que suele pasar
Dos cosas, boda tras boda. La primera es que aparecen dos o tres canciones muy votadas que ni vosotros ni el DJ habríais puesto en ninguna lista: el tema regional de la cuadrilla del novio, el chiste privado de una mesa entera. Suelen acabar siendo las de la noche.
La segunda es más difícil de medir pero se nota en la pista: la gente baila más cuando siente que la fiesta también es suya. Haber pedido algo, aunque no suene, cambia la forma en que un invitado vive el resto de la noche.
Si queréis ver el formato concreto, así funciona la app para pedir canciones en bodas por QR que usamos nosotros, y aquí tenéis dónde conviene colocar el QR para que lo vea todo el mundo.
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